21/02/2005Norte Castilla
El ciego que veía

JUAN VILLACORTA/Periodista y escritor

EL hecho extraordinario era recogido hace escasas fechas por los medios de comunicación. Luis Carrasco, catedrático de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, ha encontrado el hongo causante de su propia ceguera. Nueve años después de contraer una grave retinopatía llamada AZOOR (siglas inglesas que significan retinopatía periférica aguda zonal) que le ha provocado una ceguera del 99%, el científico ha descubierto que el hongo 'Cándida famata' es el responsable de la enfermedad.

El hallazgo tiene un valor científico y médico incuestionables que permitirán un diagnóstico fiable, pues se trata de un microorganismo que posiblemente sea el elemento desencadenante de doce mil casos de retinopatía en España y de dos millones en el mundo. En la actualidad, existen en el mercado media docena de fármacos antifúngicos (contra las infecciones de hongos) que atacan el hongo 'Cándida famata' y el científico opina que deberían ensayarse en pacientes cuanto antes.

Pero el descubrimiento de este científico de 56 años apunta más lejos, pues la 'Cándida famata' no solo invade la retina, sino también el nervio óptico, parte del cerebro y el sistema nervioso en general, zonas afectadas que, como se evidencia en su caso, han mejorado con el tratamiento que Luis Carrasco se administró, haciendo él mismo de cobaya humana desde hace seis años. Porfiado en su lenta pero incesante mejoría, el científico mantiene esperanzado que la infección va remitiendo: «Yo creo que esto se quita», aunque el hecho de que la infección desaparezca no presupone que el paciente recupere la vista, pues los oftalmólogos se temen que los bastonos y los conos (células de la retina responsables de captar la luz ) han muerto víctimas de la infección.

El científico conjetura sobre la posibilidad de que este hongo infeccioso pudiera estar también relacionado con otras diversas enfermedades clasificadas de 'autoinmunes', como la enfermedad de Crohn, la de Sjögren, la diabetes juvenil, la artritis y la esclerosis múltiple, una terrible enfermedad neurodegenerativa.

Con todo, lo más destacable de este hecho es, sin duda, la singularidad de la voluntad humana. La lección es que cuando el hombre se queda interiormente vacío por un revés de la vida, solo la voluntad y una firme determinación son capaces de mantenerle vivo, y esta determinación se traduce en actividad y trabajo. Hablo del profundo aliento del que está perdido y por eso mismo es un ángel fieramente humano, como dijo el poeta. El ciego sigue pensando y sobre todo siente su ceguera, en la que reconoce la de sus semejantes con dolor y profunda compasión, y ello mueve su voluntad. En el umbral de su destrucción, el hombre recobra su identidad y su individualidad.

La lección de Luis Carrasco es que nada importa lo que decidimos que no nos importe, no es un problema de valores, sino de voluntad. Existe un querer hacer las cosas, un estar dispuesto a que las cosas respondan a las decisiones por medio del conocimiento y de las acciones. En este sentido, la voluntad es el auténtico motor cerebral. La voluntad puede conseguir lo que se propone cuando lo que se propone es lo que necesita, entonces la voluntad actúa ciegamente como un faro de luz que ilumina el camino de la mente.

La lección del científico ciego es que no hay futuro allá donde anida la desconfianza. La desconfianza es eternamente pasado. La desconfianza mata la esperanza. No es posible concebir ningún futuro sin esperanza, es decir, sin espíritu. El gran descubrimiento del científico ciego no es tan solo el hongo 'Cándida famata', sino la certidumbre de que nunca hay que desfallecer, la derrota real y definitiva es aceptarla. Asumir una derrota no es aceptarla, todo lo contrario, es armar la resistencia. Lo único que vence al enemigo es tener más paciencia que él.